Gratitud

    Una muestra muy palpable del nivel de conciencia que alguien posee, en concederse y conceder a los demás las gracias ante cualquier circunstancia que concurra, sea la que sea, incluso aunque no sea clasificada como positiva o agradable.

 

      Cuando te llega lo que sea, de quien sea, da las gracias, aunque no sea de forma verbal o externa, pero da las gracias.

 

    Agradecer el simple respirar, el suave viento que nos acompasa en cada instante, la hermosura de una flor o la de unos los ojos que nos miran en un momento dado o durante mucho rato, es estar agradeciéndonos, a nosotr@s mism@s, la propia experiencia de la existencia en esta vida.

 

     Lo mejor de todo es que al poco, ese agradecer es devuelto por donde menos puedes imaginar. Y obviamente, la recompensa, sin buscarla, es mucho más intensa, profunda y mayor de lo que pudiéramos haber imaginado.

 

     En ese agradecer continuado, si se hubiera almacenado el más mínimo depósito de rabia, rencor o resentimiento en nuestro interior, se va diluyendo dejando que fluya hacia fuera lo mejor de lo mejor que cada un@ es.

 

     Empieza a agradecer e irás comprobando los resultados. Quien agradece es agradecid@ y engrandecid@. Y recuerda, sólo puedes ofrecer, mostrar y dar aquello que tienes: gratitud o ingratitud. De ti depende. 

Aceptación.

           ¡Cuánto cuesta aceptar algo que es distinto a como pensamos que tendría que ser!

            ¡Cuánto cuesta aceptar que cada cuál es como es!

          ¡Cuánto cuesta aceptar que un@ es diferente a los demás y que no ha de ser igual a un prototipo, esquema o concepto determinado!

           El quid de la cuestión estriba, en especial y en concreto, en que un@ se capaz de llegar al entendimiento de que la aceptación empieza por un@ mism@.

           Es fundamental y esenciall, comprender que lo patrones que se promueven dificultan la práctica de la aceptación. Y es que tales patrones, como la moda, por ejemplo, van y vienen. Pero a menos que un@ tenga su propio esquema de cómo ha de ser, por qué y para qué, aceptarse y aceptar a los demás cuesta bastante.

       Pero no es cuestión de insistir en esto, sino de advertir un ejemplo evidente de cómo a quién llamaron la mujer más fea del mundo, Lissie Velasquez, es una viva muestra de aceptarse, de aceptación. Pero, además, alguien puede pensar que a esta mujer le falta algo, pero en realidad lo tiene todo. 

Actitud.

 

             Hay un dicho que dice así:

 

            “No le haga a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”.

 

Realmente puede parecer positivo, pero no lo es dado que está redactado de manera que evita una acción en vez de promoverla. Así que si se atiende a esta norma, un@ deja de hacer cosas para que no se las hagan. Pero ya tendríamos que saber o haber aprendido, que un@ recoge lo que siembra. Así que si no siembras, no recoges. Por tanto, vamos a cambiar la frase a positivo:

 

“Trata a los demás como te gustaría ser tratado”

 

Por tanto, al ejecutar de esta forma, estamos sembrando algo que posteriormente recogeremos. No obstante, hay que fijarse bien que el verbo está ejecutado en condicional, y que la mejor manera de proceder es haciendo en presente. Evidentemente, todo cambia si la frase se pronuncia cambiando la forma verbal, pues entonces es un hacer continuado:

 

“Trato a los demás como me GUSTA ser tratado”.

Tolerancia

  

    ¿Por qué cuesta tanto no querer llevar la razón siempre?

 

    ¿Por qué querer llevar la razón cuando ello puede llevar al desastre?

 

    ¿Por qué no razonar antes los argumentos de una razón concreta?

 

 

 

      Normalmente, lo que antecede a toda acción es un pensamiento, se dice normalmente, aunque a veces se reacciona desde un impulso descontrolado sin previo pensamiento, sin razonar nada. No obstante, si damos validez a la premisa inicial, podemos darnos cuenta, razonando:

 

  • que es sólo la necesidad de ganar a toda costa,
  • que exclusivamente la necesidad de tener la razón a cualquier precio,
  • que es tener la idea absurda de concebirse superior a otra persona,
  • que uno es más que los demás en base a lo que tiene, o todo lo contrario, que los demás son inferiores en cualquier aspecto a uno…

 

       Si no damos validez a estas cuestiones, no hay sentido, ni razón alguna para meternos en un conflicto, en una pequeña batalla o guerra en la que podemos salir más que perjudicad@s.

 

       De lo que podemos tener razón es de que una vez que se examina el pensamiento que nos lleva al posible conflicto, se puede ceder y solventar la “crisis” que se haya planteado. O si no, pregúntate si eres el problema o parte de la solución.

 

Miedo

           El miedo es  (1), la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. (2), Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Al menos es lo que asegura el diccionario.

 

            Podemos sentir una amenaza física en el entorno, y esto puede implicar una serie de reacciones corporales que se descontrolan, momentáneamente. Sirva de ejemplo, la situación de tener que dar un frenazo o volantazo con el vehículo para no atropellar a alguien que se ha cruzado indebidamente. A esto le llamamos miedo estabilizador.

 

         Pero en el caso de que empecemos a sentir la sensación de miedo por algo que pueda o no suceder, los desencadenantes corporales pueden repercutirse de la misma manera, pero siempre hacia un punto en que provoque cierta incapacidad corporal y, por supuesto, volitiva (voluntad). Y sirva de ejemplo, también, que sintamos miedo cuando llegamos a clase para recibir las calificaciones de los exámenes, o que el jefe nos llama a su despacho, y entonces, imaginamos lo peor para ese instante, y las consecuencias, por la imagen supuesta que se crea, son muy desagradables. A esto le llamamos miedo paralizador.

 

         El miedo estabilizador nos ayuda a salir de algo que puede causar o causarnos daño o perjuicio real y evidente.

 

      El miedo paralizador no ayuda nunca. Al contrario, sólo entorpece y destroza la realidad propia pues lo único que hace es crear un supuesto, una irrealidad. Algo que no se puede controlar porque no es posible al no ser algo físico, tangible; al ser, en realidad, algo sobre lo que no poder ejercer gobierno.

 

            Cuando el miedo paralizador entra en acción, nos deja vacíos en tiempo presente (TP), pues lo llena de incertidumbre hacia tiempo futuro (TF) por cuestiones del pasado. Es un freno para nuestro talento y capacidades; y, como consecuencia, lo proyectamos del mismo modo hacia las demás personas cercanas al entorno.

 

      Además, el miedo paralizador, no suele tener fecha de caducidad. Quien lo padece, obviamente, se ve afectado en sus capacidades y comportamientos. Y ni que decir tiene que siempre su voluntad y libertad de acción quedan mermadas, por no mencionar que su entendimiento se resiente por igual.

 

           El miedo estabilizador es inocuo respecto a la acción y al desempeño, pues siempre ayuda desde el aviso ejecutado con razón y con el sentido de la lógica y, con la diferenciación de matices que puedan confundirlo con irrealidades.

Liderazgo.

      

        ¿Por qué es tan difícil encontrar auténtic@s y reales líderes?

 

         Un/una líder es quien, desde la verdad, el ejemplo y el respecto; muestra enseñando con el uso del razonamiento y la lógica explicada; es quien es la guía, la dirección, la conducción, de alguien o algun@s el rumbo a seguir, bien individualmente o en grupo; pero, siempre, acompañando con el soporte del apoyo incondicional.  

 

      Un líder es quien es seguido sin necesidad de dar órdenes o indicaciones.

          Un líder nunca es temido.

          Un líder jamás reclama o busca premio.

     El líder ejecuta habiendo sopesado con firmeza la decisión, buscando el mayor logro posible evitando la más mínima contrariedad para otras partes.

         El líder no tiene el objetivo de acabar con el propósito de otros, al contrario colabora.

         Un/una líder, auténtic@, no usa del chantaje, sea como fuere el mismo.

 

        ¿Eres tu propio líder o estás sometido a la “dictadura” de ser como los demás según te han inculcado? La cuestióna a perfilar es de que seas el líder de tu vida sin necesidad de ser igual a otra personas, pues cada persona es distinta, así como cada líder lo es por igual en sus formas, aunque en el fondo un líder se sustancia en las esencias antes expuestas. O como dejó sentenciado Nelson Mandela: "Soy el capitán de mi alma y el dueño de mi destino". Pero que ahora se realiza en interrogante:

 

       ¿Eres el capitán de tu alma y el dueño de tu destino siendo el líder de tu vida?

 

Empatía.

         La empatía, según dice el diccionario es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro

 Básicamente, podríamos decir, que es la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona. Pero para poder ponernos en el lugar de los demás, hemos de aprender, antes, a ponernos en nuestro lugar, dado que, por regla general, tendemos a estar mostrandonos a los demás para ver si así conseguimos una serie de resultados que nos han advertido llegarán con tal acción, pero esto sería realizar algo por un interés concreto cara a quien sea; y esto no es ponerse en el lugar de los demás, sino buscar que los demás se ponga en el nuestro. Pero esto, además, le conduce a un@ a dejar de ser un@ mism@ para amoldarse a los demás; lo que conlleva a una negación de sí, y aquí tenemos radicada la falta de empatía en uno, que posteriormente deriva en no saber ponerse en el lugar de otra persona.

 

            Así, pues, de lo que se trata es de empezar por un@ mism@, por ponerse en el lugar de un@, para poder llegar a los demás, y no a la inversa. 

Cooperar

          Si se sigue empeñando en la competición. solo será un oponerse a lo que los demás hagan. Pero si se muestra lo que uno es capaz, la cosa cambia, pues entonces cada individuo mostrará lo mejor de sí sin tener en cuenta a nada ni nadie con quien competir, y en ese sacar lo mejor de un@, hay un gran disfrute. Se disfruta en un@ al superarse a sí cada día, y se disfruta con la muestra que ofrecen los demás en el mismo afán sin que haya una medida de competición, sino un gratificante asombro de lo que cada uno puede dar.

 

            Competir lleva a la frustración, y no se gana nada

            Competir es una disputa sin fin y sin ganadores.

          Competir sin parar es un desgaste de fuerzas, de energías y de sin sabores.

     Competir fomenta las diferencias, favorece la disputa y el desencuentro.

 

          En cambio, cuando se establece la cooperación como base de partida, la cosa cambia, y mucho, pues se empieza a disfrutar el conjunto global en el que un@ e embarca, haciendo que los demás disfruten, y que cada cual sea cada cual.

 

            La grandeza de un ser humano se puede medir, si quieres, en la nobleza de sus actos mostrados sin el afán de humillar a nadie.

            Serás más grande y mejor, en tanto en cuanto saques lo mejor de ti mismo en busca del logro personal, de la superación individual y la cooperación colectiva.

            Si dejas de competir, ganas. Esta es la clave. Porque cuando esto sucede salta la cooperación por igual entre tod@s.

Adversidad.

      En numerosas y multiples ocasiones la vida nos muestra u ofrece circunstancias que se superan o no. Cuando se superan, un@ se crece; pero si no se consigue, la sumisión en una debacle anímica está asegurada, lamentablemente.

            No obstante, hay situaciones que parecen insuperables, difíciles e incluso imposibles de sobrellevar y pasar por ellas sin lamentos, quebraderos de cabeza y algo de pesar, por no decir que pueden dejar resquicios que llegan a atormentar en el futuro.

            Desde que nacemos hemos ido saltando, derribando, superando muchos hechos que pueden ser calificados como  adversos. Unas veces han podido realizarse de forma loable, otras a duras penas, y quizá, en alguna ocasión no se consiguió pasar la prueba. Pese a todo, tenemos el caso de Nick Vujicic, que es un perfecto ejemplo de lo que es verse absolutamente diferente a los demás, no hundirse y conseguir pasar todos los obstáculos que se pusieron por delante. 

Autenticidad.

            ¿Tú que vendes? Sí, es una pregunta directa que es fácil de responder, porque todas las personas suelen vender algo, no sólo los comerciales y vendedores que se dedican a esta labor de forma directa, lo realizan. El resto, aunque no vendan un producto de forma directa, sí venden su tiempo a una empresa por un salario, y/o venden sus capacidades, talentos y preparación, además de la experiencia, por algo a cambio. Pero en modo alguno se crítica, para nada, si vendes o no, y si lo haces, qué es lo que ofreces. De lo que se trata, es que sea lo que sea que un@ muestra a los demás no sea humo que se va a poco  que el viento sople con suavidad.  Se trata de que sea lo que sea que se ofrece, a alguien, sea en, con y desde la autenticidad, con veracidad, con honradez, sin fingimientos, sin mascaras o postizos. Se trata de tener la capacidad de ser auténtic@s en todo lo que se pueda y quiera “vender” y/o mostrar a quien se le quiera ofrecer.

            Un vendedor sabe que si no muestra la verdad de su producto, quizá pueda venderlo una vez, pero no dos. En cambio, cuando la prueba que entrega es en total autenticidad, cualquier otra cuestión que quiera mostrar,  posterior, le será comprada sin tener que venderla, pues fue auténtico y sigue siéndolo.

            Siendo como se es, es decir, autentic@, se acaba la falsedad. 

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