Miedo

 

    

        El miedo es  (1), la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. (2), Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Al menos es lo que asegura el diccionario.

 

            Podemos sentir una amenaza física en el entorno, y esto puede implicar una serie de reacciones corporales que se descontrolan, momentáneamente. Sirva de ejemplo, la situación de tener que dar un frenazo o volantazo con el vehículo para no atropellar a alguien que se ha cruzado indebidamente. A esto le llamamos miedo estabilizador.

 

         Pero en el caso de que empecemos a sentir la sensación de miedo por algo que pueda o no suceder, los desencadenantes corporales pueden repercutirse de la misma manera, pero siempre hacia un punto en que provoque cierta incapacidad corporal y, por supuesto, volitiva (voluntad). Y sirva de ejemplo, también, que sintamos miedo cuando llegamos a clase para recibir las calificaciones de los exámenes, o que el jefe nos llama a su despacho, y entonces, imaginamos lo peor para ese instante, y las consecuencias, por la imagen supuesta que se crea, son muy desagradables. A esto le llamamos miedo paralizador.

 

         El miedo estabilizador nos ayuda a salir de algo que puede causar o causarnos daño o perjuicio real y evidente.

 

      El miedo paralizador no ayuda nunca. Al contrario, sólo entorpece y destroza la realidad propia pues lo único que hace es crear un supuesto, una irrealidad. Algo que no se puede controlar porque no es posible al no ser algo físico, tangible; al ser, en realidad, algo sobre lo que no poder ejercer gobierno.

 

            Cuando el miedo paralizador entra en acción, nos deja vacíos en tiempo presente (TP), pues lo llena de incertidumbre hacia tiempo futuro (TF) por cuestiones del pasado. Es un freno para nuestro talento y capacidades; y, como consecuencia, lo proyectamos del mismo modo hacia las demás personas cercanas al entorno.

 

      Además, el miedo paralizador, no suele tener fecha de caducidad. Quien lo padece, obviamente, se ve afectado en sus capacidades y comportamientos. Y ni que decir tiene que siempre su voluntad y libertad de acción quedan mermadas, por no mencionar que su entendimiento se resiente por igual.

 

           El miedo estabilizador es inocuo respecto a la acción y al desempeño, pues siempre ayuda desde el aviso ejecutado con razón y con el sentido de la lógica y, con la diferenciación de matices que puedan confundirlo con irrealidades.

 

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