Valorarse

            ¿Qué valoración tienes de ti mism@? ¿Lo sabes, tienes alguna? Si lo has examinado un poco en profundidad, sólo un poco, podrás darte cuenta que esa valoración que has encontrado de ti, se sustenta en lo que los demás, en muchas ocasiones, han opinado de ti. ¿Me equivoco? Lo más seguro es que no, lamentablemente.

 

            La raíz de esta valoración personal está o se encuentra, si se valora con sinceridad, en una serie de dichos que te han transmitido continuamente desde siempre. ¿Qué dichos? Son muchos, la lista sería larga, pero se resumen en el miedo a quedar mal delante de los demás. Y cuando esto se ha introducido en el comportamiento del ser humano, el mismo realiza acciones en busca de encontrar una valoración positiva, o cuanto menos no negativa en los demás.

             Esto deriva en que una persona busca tener un valor para los demás y que los demás lo valoren. Una vez que esta situación se da manifiesta en un@, un@ pierde su propia gestión para que la gestionen los demás procurando encontrar un buena valoración. Se entra, consecuentemente, en un estado de dependencia de lo que los demás piensen de vosotros, y así se pasa muy mal. Un@ siempre está con miedo a una valoración baja, cuanto menos.  Aunque el sustrato que mantiene todo este tema de la valoración en cuestiones externas es que la misma se sustancia en criterios que no son propios, sino extraños.

 

            En muchas empresas se realizan una serie de valoraciones al cumplir un determinado tiempo el trabajador en la misma. Quienes suelen realizar tal ejercicio lo hacen desde unos criterios establecidos de antemano por alguien que no se sabe quién es. Se recurre a una serie de manuales fijos y obsoletos desde los que establecer una valoración del trabajador. Y esto es sólo un ejemplo que mucho@s conocéis en vuestros respectivos ámbitos laborales. Para ratificarlo expongo un ejemplo que conozco a modo de pregunta: ¿cómo puede ser que un trabajador durante cuatro años consecutivos obtenga la mayor cuota de valoración en una empresa, y justo el quinto año, la misma, baja a la mínima absoluta? La respuesta es sencilla, el jefe de su sección había sido reemplazado por otro, y el nuevo tenía criterios de valoración distintos al anterior. Así que ¿cuál de los dos tenía una base sólida para establecer la valoración de un trabajador? Ni que decir tiene que acto seguido el trabajador fue despedido sin que se tuvieran en cuenta sus altísimas valoraciones anteriores. ¿Sabéis que pasó luego? Que un empresario que se enteró de lo sucedido contrato el que echaron, y el mismo, que siempre fue un excelente profesional, hizo que la facturación de su nueva empresa subiera de una forma increíble; obviamente la empresa que lo despidió tuvo una pérdida de ventas abismal.

 

            En cada sociedad, la valoración o el valor de un individuo se suele medir por criterios muy volubles y nada sólidos, algunos de ellos son su color, sexo, creencias, forma de vestir, costumbres, procedencia, preparación, educación, e incluso redes sociales ¿Absurdo no?  

 

            Te pongo otro ejemplo y cierro con una conclusión que espero te sirva definitivamente. En una empresa actual existe una persona que no es licenciado en Ingeniería, pero que se le da el rango y sueldo correspondiente, además de ser un profesional tremendamente valorado. Todos saben que no es ingeniero, que no sabe de cálculos de estructuras ni de ecuaciones, ni de desgaste de materiales… pero cuando se plantea un problema, y para eso están los ingenieros, para resolverlo, tal individuo da la solución inmediatamente. Resuelve con prontitud. Explica lo que hay que hacer y cómo. El resto, los detalles de dibujar las piezas, de estudiar los costes… se somete al resto de ingenieros que siempre, asombrados, observan cómo consigue resolver en escasos minutos un problema muy complejo con una solución muy sencilla que a ninguno de ellos se le había ocurrido. ¿Entendido?

 

            De lo que se trata es de dejar de buscar valor para los demás. De dejar de procurar encontrar una valoración positiva de los demás. De lo que se trata, es que de una vez, aprendas a valorarte a ti mism@, por ti mism@ y para ti mism@. Lo demás no posee más que un valor relativo. Y el verdadero valor sólo se encuentra, con certeza, en un@ mism@. 

 

            José Luis Marín y Auxi Vilchez

 

 

             http://www.psico2-sevilla.es/

Psico2 en redes sociales

psicologos PSICO.DOS